Publicidad:
Terra
La Coctelera

El día a día

Estoy en la cocina, frente a la nevera, las manos manchadas de chocolate y la boca llena; No puedo parar de comer, a cada mordisco me voy sintiendo más y más feliz, como en el pasado, cuando comer era un placer y engordar no tenía demasiada importancia.

De pronto me levanto de la cama sobresaltada, dirección al baño con unas ganas de vomitar irrefrenables; “Reacciona” me digo, sola ha sido la misma pesadilla otra vez.

Es recurrente, no hay semana que no tenga el mismo sueño, y es tan real, que si en el momento de despertarme llegase al baño antes de recuperar la consciencia, probablemente vomitaría.

Me levanto por la mañana y el primer pensamiento que me viene a la cabeza es “Joder ayer me puse hasta arriba de comer…ah, no, que lo he soñado”

Ritual matutino: Lo primero, pesarme, por supuesto, en ayunas es cuando menos se pesa, lo sabe hasta un niño, claro que si después me peso a las seis de la tarde (cosa que probablemente ocurra) y peso más que en ayunar, el diablo que me ha poseído el cerebro procesa “Has engordado, lo has hecho mal, has comido demasiado”, aunque la razón sepa que es materialmente imposible.

“¿Me como dos galletas o tres?, me he comido dos y me he quedado con hambre, pero a lo mejor tres son demasiadas (cojo la caja de galletas y miramos las Kcal. aunque probablemente me las sepa de memoria).

Nos vamos a trabajar, el diablo y yo. Obviamente voy andando hasta la estación; Andar esos 20 minutos quema el desayuno.

Llegamos al trabajo, necesito un café para ser persona, odio el café sin azúcar, aún así decido quitarle un par de puntitos al control de la cantidad de azúcar de la máquina de café.

Las 10:00 AM y ya tengo hambre otra vez, bueno, botella de litro y medio de agua que depura y llega el estómago (si, el estomago lo llena, pero no el vacío emocional, con lo cual sigo teniendo hambre y un poca más de ansiedad).

11:00am Bueno, ya es una hora razonable para tomarse una Coca cola Light que llena más que el café y tiene la gran virtud de ser acalórica (el hecho de que te hinche como a un globo lo pasamos por alto).

Así día a día consigo pasar la mañana hasta las 14:30, hora en la que nos encaminamos al supermercado a comprar el pan.

Me encanta el pan, pero todos los días me hago la firme promesa a mi misma de no comerlo.

Tengo Lombarda cocida con un poquitín de aceite (para que sepa a algo) para comer o, como la he apodado cariñosamente “coliflor de Chernovil”

“Anda, dame un poco de pan solo para empujar” Le digo a mi compañero de trabajo…

“Dios, que bueno está el pan, quiero otro cachito”

Diez minutos más tarde y tres cachitos miserables de pan después ya tengo a la orquesta sinfónica de Londres es mi estómago y al diablo suplicándome que lo expulse, que no me lo quede, que es veneno”

El diablo ha vuelto a ganar la batalla; Siempre la gana y me siento impotente por no ser capaz de hacer nada.

Llega la tarde y con esta otro de los muchos dilemas en mi rutina diaria “¿Voy al gimnasio?, estoy cansada, no me apetece… bueno, haremos un pequeño esfuerzo.”

Subo a la sala, casi sin fuerzas, con unas ganas nulas de ponerme a hacer ejercicio

“¿Corro en la cinta los cuatro Km. de rigor o hasta que aguante?, venga va, hasta que aguante” (que misteriosamente siempre son los malditos 4 km.)

Llegamos a la parte de las pesas y nos encontramos con alguien que hacia meses que no veíamos

“¿Madre mía que delgada estas, y eso?

“Pues creo que estás demasiado delgada, te estas quedando fea” (Puta envidiosa, tu si que estas fea con ese culo, ya te gustaría a ti, que asquerosas somos las mujeres entre nosotras).

Después de la súper paliza en el gim, duchita y vuelta a casa, andando los dos Km. que separan mi casa del gimnasio.

Mareada y muerta de hambre llego a casa y me preparo la ensaladita de rigor de todas las noches.

Me encanta después de cenar tomarme un café calentito y un par de galletas, intento que sea mi pequeño “capricho” diario, pero acostumbra a acabar en el fondo del wc, como casi todos los caprichos que intento darle a mi asqueroso cuerpo.

Antes de acostarse hay que pesarse y normalmente no suele ser una visión agradable “Ya peso más que esta mañana”.

Me meto en la cama y después de dar millones de vueltas y hacer balance del día durante dos horas consigo dormirme, deseando que aunque siga perdiendo batallas termine ganando la guerra.

¿Alguien cree que esto es vida?

El comienzo

Vivo luchando conmigo misma desde hace muchos años. Enferma de bulimia, mi vida de un tiempo a esta parte se ha convertido en un verdadero infierno.

Mucha gente no entiende esta enfermedad: La enfermedad de las niñas tontas.

En mi caso, es asi.... soy una niña tonta, empece a serlo en la adolescencia y me he quedado estancada.

Siempre había sido el patito feo, gordita, con aparato en los dientes y no con demasiados amigos (ya sabemos como son los niños) no me preocupaba demasiado por mi aspecto. Lo pasaba bastante mal porque mis amigas eran más guapas o más delgadas...

Cuando llego la adolescencia empezo a preocuparme el tema algo más, ya sabeis esto de los chicos, el primer amor, el primer desengaño; Efecto: me puse a dieta.

Y adelgace, primero de forma sana y equilibrada, pero a medida que iba adelgazando me iba obsesionando, hasta que al final empece a comer bien poquito.

Me quite 15 kilos de encima en 4 meses y la verdad es que era feliz....Ligaba un montón, podía ir a Zara y me valía la ropa...pero las cosas se complicaron: Nunca era suficiente.

No recuerdo el primer día que vomite ni porque, supongo que comería demasiado, me sentiría llena y me salio solo..... pero al ver la recompensa empecé a hacerlo a menudo.

Y llegó un momento en que ya no tenía freno...se descontroló.¡Podía comer lo que quería!

Muchos años después me he dado cuenta de que tendría que haber pedido ayuda y no llegar al punto de no retorno en el que me encuentro.

El médico no me ayuda, mi entorno cree que ya estoy recuperada, me paso el día mintiendo para poder ir al servicio y cada día me siento más sola y más perdida en esto.

Espero que poco a poco pueda ir contanto mi recuperación.